miércoles, 4 de febrero de 2009

Continuismo del sistema de propiedad: latifundismo y jornalerismo

Quisiera esbozar sumariamnte algunos de los grandes problemas que el fracaso de las transformaciones agrarios del siglo XIX dejó pendientes, y apuntar la forma en que condicionaron el crecimiento económico español a comienzos del siglo XIX. (...)

Tomemos, por ejemplo, un aspecto tan decisivo como el del reparto de la propiedad. Si dividimos la superfície española en tres grandes zonas - norte, centro, sur - podremos ver que la forma en que la tierra se reparte entre propietarios pequeños y medianos, por un lado, y grandes terratenientes por otro, es muy diversa, hasta llegar a ser prácticamente contrapuesta en las dos zonas extremas de norte y sur. (...)

Si trazásemos una diagonal imaginaria que cruzase España desde Zamora hasta Alicante, dejaríamos al norte de esta línea la España en que la gran propiedad detenta menos de la mitad de la superfície total, y al sur, aquella otra en que sobrepasa este límite, hasta llegar a concentrar un 70 por 100 de la superfície en la Andalucía occidental. Al sur quedarían también todas aquellas províncias en que los latifundios, definidos como las fincas de más de 250 ha. ocupan más de un 25 por 100 de la tierra.

En la mitad sur, en la España del latifundio, cualquier crisis que experimente la agricultura repercute inmediatamente en los salarios del proletariado rural y origina fuertes tensiones sociales, como las que se produjeron en los años de la primera guerra mundial. (...)

Los gobiernos de Alfonso XIII no hicieron nada de positivo. Mandaron comisiones oficiales a estudiar las causas del malestar campesino, publicaron hermosos informes de los que nadie hacía caso, crearon una pomposa <<Junta para la colonización y repoblación del país>> que se contentó con asentar un puñado de campesinos en arenales o montes sin valor, y se cruzaron de brazos, salvo cuando los conflictos se agudizaban, amenazando el <> y se recurría al envío de la Guardia Civil, supremo expediente pacificador. (...)

Conviene recordar que los problemas agrarios españoles no se agotan con los del latifundio. (...) Que la situación de los hombres del campo no era mejor en Castilla la Vieja o León lo muestran, por ejemplo, las cifras de mortalidad infantil, que son, con las de Extremadura, las más elevadas de España y explican que Severino Aznar calificara a estas regiones <>.

Fontana, J.: Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX, págs. 191-196.